Ella estaba en Holanda o algo así,
no recuerdo el sitio y tampoco es que importe.
Al fin y al cabo, ya va dando igual.
Yo estaba aquí, esperando como siempre,
aunque aquella vez sí que volvió,
del mismo modo que esto vuelve ahora a mi memoria.
Y allí, como decía, estaba ella sin mí.
Un día cualquiera sacó una navaja y la clavó
en un cuerpo que comenzó a sangrar sin quejarse.
Ignorando este hecho, comenzó a tallar un mensaje
para que quedara escrito para siempre,
para que algún día fuéramos a ver nuestros nombres,
los mismos pero distintos tras tanto tiempo.
Han pasado muchas cosas y no sé dónde ir a leer aquello,
nunca le pregunté pues ella sería mi guía cuando fuéramos;
¿para qué querría saber yo el camino?
Podría ir a buscar aquel lugar, y cuando lo encontrara
reírme como nunca. Reírme patéticamente de mí mismo.
Pero da igual, al fin y al cabo, seguro que si ha tenido suerte,
aquel árbol ya habrá sido derribado por algún rayo.
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